Una ley que ofende

 w_iez1i9siewxbaxvuxn_cxy32qufbdj0kuxjjjhzga.jpeg         En los negros años del dictador Franco, las mujeres alcanzaban la mayoría de edad a los 25 años. Ahora, a punto de estrenar el año 2014 y, si nadie lo remedia y se aprueba la ley que se está maquinando sobre el aborto, las mujeres de este país no alcanzaremos la mayoría de edad NUNCA.  Parece mentira, pero así es. Tendremos que pedir permiso –a  quienes parece que sí tienen la capacidad de decidir- sobre lo que habremos de hacer con nuestro propio cuerpo porque, al no ser mayores de edad, las mujeres  de este país necesitamos que decidan por nosotras. Así de claro, de triste y de indignante.

             El legislador  y los que están de acuerdo con esta norma troglodita se creen que a las mujeres nos gusta ir a abortar, que es como irse de juerga y pasarlo en grande. Conozco a mujeres que han abortado, de forma espontánea o por otras causas que ellas consideraban razonables –y siempre lo son le pese a quien le pese- que lo han pasado francamente mal, que han sufrido y que les ha costado superarlo. Así que no se crean esos señores tan listos, tan adultos y los que dicen que están protegiendo la vida, que esa decisión se toma  a la ligera y sin pensar.

             Está meridianamente claro que quienes más saben de proteger la vida –y la historia lo demuestra a lo largo de siglos y siglos- son las mujeres. Las madres harían lo que fuera necesario por proteger a los hijos. Esta es una afirmación que nadie, en el mundo entero, pondría en duda jamás. Y, de cualquier modo, y por si acaso, en la ley de plazos ya está prevista esta protección. Todo lo demás sobra.

             Pero, ¿qué se han creído? ¿Quienes son ellos para decidir lo que yo hago o dejo de hacer con mi cuerpo? ¿Pero es que ni siquiera somos las mujeres dueñas de nuestro propio cuerpo? ¿Pero es que en este país no vamos a ser libres nunca? Porque, no nos engañemos, en el fondo de toda este delirio está el afán atávico de someter a las mujeres al arbitraje de –no voy a decir de los hombres, sería poco decir- el poder establecido, sea este cual sea.

             En la dictadura, en la que las normas morales las dictaba la iglesia, la mujer no tenía ningún derecho ni sobre su vida ni sobre su  cuerpo. De ambos se podía disponer a discreción y ella no podía decidir. Si tenía suerte y se topaba con un padre comprensivo y un buen marido, ella obtendría sus correspondientes permisos para disponer, al menos, de sus propias cosas, lo cual no es mucho decir. Sin embargo, con la democracia, las mujeres –ingenuamente- pensamos que toda esta discriminación incomprensible se acabaría. Y he aquí que en pleno siglo XXI, tras tanta lucha por los derechos de las mujeres, uno de los derechos más elementales como es la toma de decisiones sobre el cuerpo de una –con las precauciones correspondientes consensuadas y establecidas- se diluye irremediablemente como azúcar en el agua. ¿Quién iba a imaginarlo?

             Yo no, desde luego. Nunca imaginé que se pudiera volver hacia atrás tantas décadas. Nunca pensé que se nos volvería a considerar menores de edad, o idiotas, incapaces de gestionar nuestra vida sin pedir permiso. Nunca lo creí, pero lean ustedes la ley y verán cómo sí es posible. La pena negra. No tengo más palabras.

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8 comentarios en “Una ley que ofende

  1. Elena, estoy de acuerdo con todo lo que dices, y también con lo que señalan las personas que comentan tu denuncia, excepto que las mujeres del PP evitarán que se convierta este bochornoso proyecto de ley en la norma más retrógrada que nos podiamos imaginar, pero ójala me equivoque y así sea.
    No obstante, habrá que sacar fuerzas de flaqueza y luchar firmentente para que este grave atentado, que no es “sólo” a los derechos de la mujer, como es la negacion a que pueda decidir por si misma, sino que es un paso más muy importante para una involución a una sociedad donde los hombres y las mujeres no se encuentren en el mismo plano como personas, y que ofende tambien a los hombres que no compartimos las retrógradas normas morales que dicta, entre otras, el sector más reaccionario de la jerarquía de la Iglesia católica, apostólica y romana, del que son fieles seguidores los artífices de este desaguisado que nos imponen.

  2. Indignación profunda, los políticos que nos gobiernan son los niños caprichosos y retrógrados que aún no han cumplido su mayoría de edad.

  3. En realidad es sólo “Un Proyecto de Ley que odende” porque las 67 diputadas del PP no consentirán que sea una “Una Ley que ofende” (sí, ya sé que he llegado tres días tarde a celebrar el día de los Santos Inocentes)

  4. Gracias Elena, que como otras tantas mujeres de nuestro país, no callan ante involuciones de este calado.
    Es necesario poner las cosas en su lugar. Llamar por su nombre a las censuras y las represiones.
    No sé muy bien cuánto más pensamos seguir soportando atropellos similares pero visto está que si nuestra respuesta no es contundente, está gente atrasada no tiene límites en su inmoralidad.
    Por esto mismo, por la respuesta franca y sin medias tintas, gracias de nuevo. Un abrazo muy fuerte desde Uruguay.

  5. Volvemos 30 años atrás. Volverá a pasar. Las ricas a Londres de fin de semana a abortar. Las pobres a poner en riesgo su vida. Como si el embarazo solo fuera cosa de la mujer.Claro ellos solo follan.

  6. Totalmente de acuerdo. Siento vergüenza del qué dirán un poco más al norte…
    De todas formas ésto nos confirma, una vez más, que no hay que bajar la guardia en la defensa de los derechos y de las libertades, en especial de los de las mujeres que siempre son los primeros en caer. Desgraciadamente la historia está llena de ejemplos.
    Lo que me llena de rabia e indignación es esta dificultad para organizar algo realmente efectivo que frene esta escalada. Ya no basta con manifestaciones parciales. Ha que echar a este gobierno.

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