El 8 de marzo de 2014

Esta fecha, lejos de quedarse en el lugar de las fechas históricas que ya han perdido actualidad porque el hecho que se reivindicaba ya estaba con creces superado, sigue teniendo sentido. Tristemente.

Hace un par de décadas, en este país, las mujeres tuvimos la impresión –falsa impresión, más bien espejismo— de que el camino hacia nuestra, por fin, tan anhelada igualdad no tenía marcha atrás. Sin embargo, hoy, ocho de marzo de 2014 no deja de bailarme en el estómago una suerte de desazón que me indica lo contrario.

Y es que los vientos soplan en contra. En todos los campos. Y enumero: la Ley del aborto, los índices de paro, los salarios, la violencia de género… De la Ley del aborto, mejor no hablo. Lo que me sale es chillar, chillar sin parar hasta quedarme afónica. En cuanto al paro, resulta que también en época de crisis aumenta mucho más el paro en las mujeres que en los hombres. Y, aunque parezca normal y lógico, no lo es en absoluto. Los salarios. Pues bien, esta mañana creo haber oído un dato clarificador: las mujeres tienen que trabajar unos ochenta días al año más que los hombres para ganar lo mismo. No hace falta decir más. Ahí queda.

Y qué decir de la violencia de género, o machista si se la quiere denostar un poco más, lo cual se merece, francamente. ¿Cómo es posible que en lo que llevamos de año, solo en España, hayan muerto ya 15 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas? Pues sí es posible. A este ritmo no quiero ni pensar en el número de mujeres que pueden morir a lo largo del año. Pero es fácil echar cuentas. Eso sin contar las que no llegan a morirse físicamente pero que su vida se convierte en un infierno.

Esto solo son dos ó tres pinceladas. Pero una ya se hace una idea. Cuando las cosas vienen maldadas siempre pagan el pato los seres más desfavorecidos. Y en este mundo civilizado, las mujeres lo siguen siendo.

Las reivindicaciones del ocho de marzo siguen estando vigentes. Tristemente.

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