¿Cómo ser escritora y no morir en el intento?

  La Sabina

Club de Opinión de Mujeres en Zaragoza, desde 1990

El martes 21 de marzo iniciamos un nuevo ciclo de debates, “Nuestros retos del siglo XXI”, con una mesa redonda con cuatro escritoras aragonesas que han podido publicar sus obras:
– Elena Laseca, https://elenalaseca.com
El debate será presentado por la periodista Concha Monserrat.
  • La actividad que proponemos será el martes 21 de marzo, a las 19,30 horas, en el Museo del Teatro Romano (San Jorge, 12)
  • Después del coloquio, a las 21 horas, tendremos una cena cóctel durante la que podremos seguir debatiendo entre nosotras.

El precio de la cena-cóctel es de 16 € y podéis confirmar vuestra asistencia, hasta el viernes 17 de marzo, utilizando el siguiente formulario:

https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdBvEAxEtUEQu2pPwABt3ywj1xQrNffskwZ-tm9-oZy2fFeiA/viewform?usp=send_form

Te pedimos que si necesitas anular tu participación en la cena, lo hagas con un mínimo de 48 horas (lasabina@lasabina.es) ya que si no es así El Club de Opinión La Sabina tiene que hacerse cargo del coste.

Os esperamos

 

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Zumaia

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         “Ay, ené!” Estas dos palabras emergidas desde las profundidades de la novela de Aramburu, me transportan de inmediato a la casa de intenso olor a mar, a sardina fresca, a marmitako rico de bonito.

         Tres niños bajo una colchoneta de playa, desafiando a la lluvia para remojarse en el mar. “Que no haya bandera roja, que no haya bandera roja”, rezan los tres por lo bajo. Con la amarilla les dejan meterse, si no se  alejan mucho. Por fin la playa, ahí abajo, y los tres pares de ojos hacia la misma dirección. Una tela, medio rasgada, de un amarillo desvaído, los saluda desde lejos. Habrá baño.

         Montada en el tren Urola, desfilan las imágenes, en blanco y negro, como en el cine mudo pero con música de chistu al fondo. Urtain levantando piedras en el frontón de la plaza, el chocolate con churros de Loyola, la sidra de San Miguel, la leche recién ordeñada de Santa Clara, la tortilla de Bedua, la playa de los curas —¿o era de los frailes?—, San Telmo…¡ Zumaya!

         Los tres niños bajan saltando las escaleras, corren por la arena húmeda y lisa que han peinado las olas. La marea está baja. Cuesta llegar a la orilla. El mar picado.  Sueltan la colchoneta. Se montan encima. Acaban de inventar el surf mucho antes de conocer la palabra.

         Cuánto quisimos aquella tierra de nuestros veranos de infancia despreocupada. Aprendimos a saltar las olas del mar más bravo, a pescar cangrejos con retel en la ría, a coger caracoles tras un día entero de lluvia. Reíamos a carcajadas jugando con la pandilla:

         —“Ha venido mi agüela.

         — ¿Qué te ha traído?

         —Un abanico y por la gracia de Dios dos, una Santa Teresa que menea la cabeza, un San Andrés que menea los pies, un San Bruno que menea el culo y un San Bartolo que lo menea todo”.

         Y vuelta a empezar. Y Rafa que se confunde. Y Juan que se mea de risa. Y Joaquín que no logra aprendérselo: “Y por la gracia de dos, tres”, dice.

         No conocíamos la palabra abertzale, pero de los ojos azules de nuestro casero Iñaki, grande y pescador, se escapaba un no sé qué, que lo hacía distinto, como más fuerte, como un guerrero antiguo que esperara el momento de entrar en combate.

         Los veranos de Zumaya. La infancia perdida.