Encuentro literario con Zaragoza+Humana
Hay encuentros que no se sostienen en lo que una cuenta, sino en lo que le preguntan.
Este encuentro, en la Biblioteca Manuel Alvar, dentro del programa Zaragoza+Humana —impulsado por ASAPME con la colaboración del Ayuntamiento de Zaragoza—, fue uno de ellos.
La conversación giró en torno a La hija del italiano, pero no fue una charla al uso. Desde el inicio quedó claro que el Club de Lectura no venía a escuchar sin más: venía con el libro trabajado, subrayado, pensado. Y, sobre todo, venía con preguntas.
Muchas preguntas.
De las que obligan a detenerse.
De las que afinan la memoria de lo escrito.
De las que te colocan, como autora, en un lugar exigente y fértil al mismo tiempo.
Hablamos de los personajes, de sus decisiones, de lo que se dice y de lo que se calla. De los márgenes de la historia y de aquello que queda fuera del foco pero sostiene todo lo demás. Y también de las lectoras y lectores, de su manera de habitar el texto, de cómo cada uno encuentra una grieta distinta por la que entrar.
En ese intercambio, Llámame pingüina apareció de forma natural, casi como una derivación inevitable. Porque, al final, los libros dialogan entre sí incluso cuando no están convocados.
Hubo algo especialmente valioso en el tono del encuentro: el espacio que se abrió para pensar, para matizar, para sostener una conversación que no se quedaba en la superficie. Algo que ocurre cuando hay escucha real a ambos lados.
Agradezco profundamente al Club de Lectura esa forma de estar: atenta, implicada, curiosa. Se nota —mucho— cuando un libro ha sido leído así.
Y agradezco también a Zaragoza+Humana y a ASAPME la creación de espacios donde la literatura se convierte en conversación real, en intercambio, en algo compartido.
Salí con la sensación de haber estado en un lugar donde las palabras no eran suficientes… y, precisamente por eso, importaban más.


