Blog

  • Inicio
OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El sábado 11 de abril,  estuve en Arándiga presentando Llámame pingüina dentro de Letras bajo el castillo.

Hasta aquí, todo podría parecer una presentación más.

Pero no lo fue.

Y creo que importa porque, en medio de todo lo que hacemos deprisa, lo que pasó allí tuvo algo distinto: tiempo. Tiempo para escuchar, para preguntar, para detenerse sin mirar el reloj.

Acompañada por Ana Jiménez, fuimos recorriendo el libro sin prisa, dejándonos llevar también por lo que iba surgiendo. Y en ese ir y venir entre lo escrito y lo que cada persona traía, ocurrió algo que siempre me interesa especialmente: el libro empezó a abrirse.

A dejar de ser solo mío.

Porque hay un momento —no siempre pasa, pero cuando pasa se nota— en el que la historia ya no pertenece solo a quien la escribió, sino también a quien la escucha, la cuestiona, la completa.

Y eso es lo que, para mí, le da sentido a todo esto.

Después vino otra parte que nunca aparece en los carteles: cuando la presentación termina, pero nadie se levanta del todo. Los libros se abren, se firman, se comentan. Y empiezan conversaciones más cercanas, más personales, más inesperadas.

Ahí, en ese espacio pequeño, casi invisible, es donde la literatura sucede de verdad.

Por eso importa.

Quiero dar las gracias a todas las personas que vinisteis, por la escucha y por el tiempo compartido.

Y también a Ana Jiménez, por acompañarme con tanta cercanía, y al Club de Lectura La Charradica y al Ayuntamiento de Arándiga por invitarme a formar parte de este encuentro literario y por cuidar espacios como Letras bajo el castillo.

De los que hacen que todo tenga sentido.

Deja una respuesta

Llámame pingüina