VAN DER WOUDEN, Yael, La guardiana, Penguin Randon House
De nuevo una primera novela de una escritora me deja con ojos de plato y boca abierta. La guardiana de Yael Van der Wouden es impactante, conmovedora y desconcertante. Comencé a meterme en la vida de Isabel —la guardiana y protagonista de esta historia— con la certeza de que me iba a atrapar, sobre todo porque mi vecino lector siempre me recomienda literatura de calidad. Lo que no me imaginaba era que me resultaría tan difícil interrumpir la lectura hasta el día siguiente.
Hay una casa que preservar, con enseres especiales, en un lugar de los Países Bajos. Hay una mujer, Isabel, que la cuida, maniática y solitaria. Hay unos hermanos, Louis y Hendrik, que han huido de la casa. Y hay una mujer, Eva, que nada tiene que ver con ninguno de ellos. Y que aparece sin que nadie la espere. Estos son los ingredientes principales. A partir de aquí se va desenredando y enredando a la vez un ovillo que te envuelve irremediablemente.
Nada es lo que parece al principio. Isabel vive tranquila y sola —muy sola— en la casa familiar y, de pronto, hay algo que distorsiona toda su vida y la pone patas arriba. Su hermano Louis tiene la ocurrencia de dejar a su última novia en la casa durante un mes. Con Isabel. Ellas son como el agua y el aceite. El conflicto está servido.
La narración es exquisita. Descripciones vestidas de una prosa poética maravillosa. Tremendo acierto en relatar el deseo, la pasión, el amor y las reacciones de las dos mujeres, Isabel y Eva. Y varios cambios de guion que le dotan a la novela de un interés del que resulta imposible sustraerse.
De fondo, el triste poso, la negrura que dejó en herencia la Segunda Guerra Mundial que, contemplado en personas concretas, con sufrimientos personales e intransferibles y en una casa cualquiera, te da una idea bastante fidedigna de lo grave que es este empeño del ser humano de odiarse por albergar ideas diferentes, sean las que fueren. Y te hace reflexionar.
La Guardiana, es una novela hipnótica y perturbadora que os recomiendo. Leedla, no os arrepentiréis.

