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Hay lugares a los que una llega para presentar un libro y hay lugares en los que siente, desde el primer momento, que la historia que ha escrito está en buenas manos.

Eso me ocurrió ayer en Ejea de los Caballeros.

El Foro de Mujeres Progresistas de Ejea me invitó a compartir Llámame pingüina en el Salón Parque de Bañera del Hotel Salvevir. Y quizá no sea casualidad que Candela haya llegado precisamente de la mano de este grupo de mujeres.

El Foro de Mujeres Progresistas de Ejea nació en 2001 con el propósito de reivindicar los derechos de las mujeres y visibilizar las aportaciones que hemos hecho y seguimos haciendo a la sociedad. Desde entonces han organizado charlas, tertulias, encuentros, proyecciones y numerosas actividades culturales y reivindicativas.

Candela tenía mucho que conversar con ellas.

Porque Llámame pingüina habla también de mujeres que buscan su lugar, que toman decisiones, que se equivocan, que aman, que desean, que se rebelan, que cambian y que, sobre todo, intentan vivir su propia vida en un tiempo en el que muchas cosas estaban cambiando y otras todavía no habían cambiado lo suficiente.

Quizá por eso la sala estaba abarrotada.

Y quizá por eso la conversación fue tan intensa.

Teresa Sevillano se encargó de recibirnos con una introducción que me llegó especialmente. Sus palabras fueron cálidas, generosas y llenas de cariño.

Después, Asunción Gil, archivera y bibliotecaria,  tomó la palabra y consiguió algo que no siempre es fácil: llevar la conversación por todos aquellos lugares de la novela que merecían ser explorados, sin perder nunca el hilo. Hablamos de Candela, de sus relaciones, de la amistad, del amor, de las mujeres, de la libertad, de las decisiones, del paso del tiempo y de ese Madrid de los años ochenta y noventa en el que transcurre buena parte de la historia.

Pero ocurrió algo más.

La presentación dejó de ser una presentación para convertirse en un diálogo.

Las preguntas, los comentarios y las experiencias de quienes estaban en la sala fueron haciendo que la novela saliera de mis manos y adquiriera otras miradas.

Y eso, para quien escribe, es uno de los regalos más hermosos que puede recibir.

Y Candela también empezó a cantar

Ayer presentamos además algo que me hacía especial ilusión: la canción «Llámame pingüina». Escúchala aquí abajo:

La historia que nació entre las páginas de una novela empieza así a encontrar otras formas de expresión. Una canción para Candela, para aquel Madrid, para aquella generación y para todo lo que permanece cuando los años han pasado.

Después de la presentación llegó otro de esos momentos que no estaban escritos en ningún guion: el encuentro alrededor de una mesa.

Y allí continuó la conversación.

Libros que se abrían, opiniones que se cruzaban, recuerdos, preguntas, risas, fotografías, firmas…

Un acto social estupendo, lleno de intercambio y de complicidad.

Me fui de Ejea con muchas imágenes en la cabeza: el salón lleno, los libros sobre las mesas, las personas que se acercaron a hablar conmigo, las fotografías, las firmas y, sobre todo, esa sensación de haber compartido algo más que una novela.

Me fui pensando que quizá Candela no podía haber llegado a un lugar mejor.

Porque ella, que durante toda la novela busca cómo vivir de acuerdo con lo que siente y con lo que desea, encontró en Ejea a un grupo de mujeres que lleva muchos años haciendo precisamente algo que considero esencial: crear espacios para hablar, pensar, compartir y hacer visibles las voces de las mujeres.

Gracias, Teresa.

Gracias, Asunción.

Gracias al Foro de Mujeres Progresistas de Ejea por la invitación y por la magnífica organización.

Y gracias a todas las personas que llenasteis aquella sala y participasteis en el encuentro.

Ayer Candela llegó a Ejea.
Y creo que se sintió muy bien acompañada.

 

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Llámame pingüina