Seis voces, un mismo espacio
El pasado 1 de marzo, en la Sala Credence, leímos en voz alta.
Compartí escenario con Victoria Tejel, Concha Fernández, Silvia Puyal, Pilar Benedicto e Izarbe Gil en “Mujeres y Escritoras”, una propuesta de Imperium Ediciones que reunió escritura y escucha en un mismo plano, sin jerarquías ni artificios.
Leer en voz alta siempre modifica el texto. Lo desplaza. Lo expone de otra manera. Y también transforma a quien lo lee. Quizá por eso el interés no estaba solo en lo que se decía, sino en cómo se sostenía ese decir frente a quienes escuchaban.
La música de María Bonilla no acompañó: intervino. Introdujo pausas, abrió otros ritmos, evitó que todo quedara fijado en la palabra.
A pocos días del 8 de marzo, el encuentro no necesitó subrayados. Bastaba con la escena: mujeres leyendo, público escuchando, una mañana ocupando su lugar sin explicaciones. Yo fui bien acompañada por Candela, la protagonista de «Llámame pingüina».
Al terminar, no hubo sensación de cierre. Más bien de continuidad.
Como si algo hubiera empezado a decirse y aún no hubiera terminado.

