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lecturas enel jardin_jul 2026, 18_06_15

Mirar de frente a la muerte, a Marta Jiménez le ha costado cinco años, el tiempo que le llevó digerir que estuvo a punto de morirse, que miró a la muerte de frente, «el libro que nunca hubiera querido escribir». 

Sin embargo, es de agradecer que lo escribiera. Por muchas razones: por la lucidez con la que cuenta un acontecimiento real, por la forma en la que la narración está escrita. Marta Jiménez va intercalando el relato real en la que ella y su pareja —Juan Gómez Bárcena, también escritor— estuvieron a punto de perder la vida sin enterarse debido a una fuga en la caldera. Se estaban muriendo, literalmente. El relato está salpicado con fragmentos de su vida antes del incidente, después del incidente, incluyendo su historia de pareja. 

Lo que a mi entender le da valor a esta historia es precisamente la manera en la que enlaza unos momentos con otros sin que quienes leemos el texto perdamos el hilo. El estilo literario es exquisito. Marta Jiménez mira de frente a la muerte y, tal como dijo Carmen Martín Gaite en uno de sus libros, se asombra como ella de que «lo raro es vivir».

Alana S. Portero apunta que se trata de «un texto emocionante, preciso, literario (…), que convierte el parpadeo entre la vida y la muerte en un universo de posibilidades, en la vida misma negándose a claudicar».

Marta Jiménez denuncia —unas veces explícitamente, otras entre líneas— el abuso de los alquileres de pisos. Lo hace con un humor ácido con el que no puedes sino estar de acuerdo. A la dueña del piso en el que casi mueren la llama con bastante sorna la Arrendadora, así, con mayúscula para que se nos fije bien en la memoria. 

Tras leerlo, una llega a su misma conclusión: celebrar el asombro diario de seguir aquí.

Os lo recomiendo. No es un libro triste ni morboso, es una mezcla maestra de humor, sensibilidad y lucidez. Os gustará.

 

@ElenaLaseca

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