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GAVALDA, Anna La amaba, Seix Barral

Un diálogo. Una sola noche y casi una vida entera contada. Y lo que no se cuenta queda claro en los silencios. No se puede hacer mejor. Anna Gavalda comienza la novela de este modo:

«—¿Qué dices?

—Digo que me las llevo. Les vendrá bien salir un poco de aquí».

Y una vez que empiezas a leerla, no eres capaz de cerrarla hasta el final.

Una se pregunta quién comienza a hablar y quién contesta y por qué se las quiere llevar y a quién. Esas dos líneas, ese inicio del diálogo son suficientes para continuar leyendo. No decepciona.

Gavalda nos distrae al principio haciendo como que la historia que se va a contar a través de un diálogo entre un suegro y una nuera es la de la nuera abandonada por el hijo del mismo señor que está con ella. Sin embargo, se cuenta otra que no voy a desvelar para no restarle el interés que la autora ha tratado de conseguir y ha logrado.

La narración está maravillosamente entretejida en torno a un diálogo perfecto entre dos personas que creen que se conocen, pero que, en realidad, se descubren esa misma noche. Encontramos momentos tristes y alegres en la misma proporción. 

Cuenta una intensa historia de amor de esas que son únicas y que muy poca gente tiene la suerte —o la desgracia— de vivir. Apenas hay descripciones, la autora economiza el lenguaje en un hilo de la conversación en la que no te pierdes, aunque no se explicite en ningún caso cuál de las dos personas que dialogan toma la palabra.

Es una novela que conmueve porque, tal como se dice en la contraportada, «Anna Gavalda nos habla de nuestras vidas, nuestras renuncias y también de nuestras esperanzas, nuestra ironía y nuestra ternura».

Os la recomiendo para leerla en un par de tardes de primavera a la sombra de un árbol en vuestro parque preferido.

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