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EL OFICIO DE ESCRIBIR, CON O SIN CRISIS

En el  Foro de las Sabinas del  pasado sábado 9 de mayo tuve la oportunidad de tratar este tema:

Los escritores y escritoras, a lo largo de la historia de la literatura, casi siempre han vivido sumergidos en alguna crisis, bien personal o por el contexto social en el que les ha tocado vivir.

Tres ejemplos de escritores y escritoras diferentes en su oficio de escribir:

  • Gabriel García Márquez, colombiano: contar lo cercano, la realidad del Caribe utilizando el realismo mágico.
  • Carmen Martín Gaite: ser escritora reconocida al mismo tiempo que la vida le somete a sacudidas de crudeza insoportables.
  • Jane Austen, inglesa: escribir en una época y en un lugar en los que la mujer dependía totalmente de un hombre.

Gabriel García Márquez. Él decía: “Respondo solamente a nuestro estilo de vida: la vida del Caribe”. Su obra está basada en su familia, en su entorno. Su pueblo, Aracataca, es el que inspira Macondo, el pueblo en el que ocurren sus historias. “El amor en los tiempos del cólera” está basado en la historia de sus padres, sin embargo, aunque a su madre no la dejaban casarse con el telegrafista y la enviaron a un viaje (como en la novela), al final lo consiguieron. Por tanto él cambió la historia porque al casarse “dejaron de ser literarios”. El personaje de “El coronel no tiene quine le escriba” está basado en su abuelo. “Vivir para contarla” es el primer volumen de su biografía. Ahí cuenta sus comienzos y cómo se dio cuenta de que las historias que les ocurrían era el mejor material para sus novelas. Su abuela, que fue la persona que le influyó más para su oficio de escritor, era una gran narradora y contaba las historias cotidianas con grandes dosis de fantasía. En ella se basa el personaje de Úrsula de “Cien años de soledad”, su obra maestra.

Es el máximo exponente del realismo mágico donde muestra lo irreal o extraño como algo cotidiano y común, aunque, según sus propias palabras: “No hay en mis novelas una línea que no esté basada en la realidad”.

Carmen Martín Gaite. Según las palabras del crítico Santos Sanz Villanueva, Carmen Martín Gaite fue “una niña bien, hija de notario, sacudida por la vida varias veces con crudeza insoportable”.

Aquí la traemos precisamente como ejemplo de una mujer que, a pesar de tener una vida cómoda desde la infancia, haber podido estudiar dentro y fuera de España, no tener agobios económicos y un talento literario extraordinario, se le murió su primer hijo de meningitis a los siete meses y su segunda hija a los veintinueve años de SIDA, infectada por una aguja con la que se había pinchado heroína. Ella había vivido con su hija desde que se separó de su marido, Rafael Sánchez Ferlosio.

La carga emocional de sus desgracias personales no impidieron que desarrollase una brillante carrera literaria. El mismo año que nace su hijo (1954) y que muere siete meses después, recibe el premio Café Gijón por “El Balneario”. Pero luego recibe multitud de premios, El Nadal por “Entre Visillos”, el Premio Nacional de Literatura por “El cuarto de atrás”, siendo la primera mujer que lo recibe. Tres años antes de la muerte de su hija (1982), escribe un ensayo titulado: “El cuento de nunca acabar”, donde habla de lo cotidiano, la coherencia, el amor, la mentira, lo fugaz: Inventario de sus existencia. En 1988 recibe el premio Príncipe de Asturias. Después sigue publicando novelas de éxito como “Lo raro es vivir” (1997) e “Irse de casa” (1998). En el 2000, a la edad de setenta y cinco años muere de cáncer.

El estilo de Carmen Martín Gaite, según ella misma dice, es un estilo natural y quizá por eso. “le gusto a bastante gente”, dice.

Tiene mucha consideración por las personas que leen sus novelas: “Pienso mucho en el que me va a leer, soy muy considerada con él, bastante favor me hace leyéndome”.

Jane Austen. Otro contexto, otro país, la Inglaterra georgiana de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Jane Austen pertenece a lo que podría denominarse como burguesía agraria.

Sus novelas se han llevado al cine: “Más fuerte que el orgullo”, “Sentido y Sensibilidad”, “Mansfield Park”, “Orgullo y Prejuicio” (también como serie de la BBC). Incluso su vida ha sido llevada al cine: “Becoming Jane”.

Esto demuestra todo el reconocimiento hacia esta escritora, que tuvo que pelear por ser escritora y mujer a la vez. Ella nunca se casó y en esa época, si una mujer no se casaba y por su clase social tampoco podía trabajar, tenía que depender de un hombre. En su caso, primero de su padre y al morir este, de su hermano.

“Sentido y Sensibilidad” se publicó entre 1810 y 1811 “a riesgo de la autora”, pero sin que figurara su nombre. Simplemente, como autora aparecía: “By a lady”.

Con “Orgullo y Prejuicio” aunque firmaba con seudónimo, se comienza a difundir que la autora era ella (debido en parte a la indiscreción de su familia), pero como había vendido los derechos, no recibe ganancia alguna. Muere a los cuarenta y un año.

En su época hay un debate sobre si la novela era un género legítimamente literario y de calidad, cosa que Austen defiende. A las mujeres se las educa para ser esposa y madre y obedecer al marido, pero ella aboga por la educación racional de las mujeres.

Es muy criticada y, en algunos casos, rechazada. Por ejemplo, Mark Twain dijo: “Cualquier biblioteca es buena siempre que no contenga algún volumen escrito por Jane Austen, incluso si no tiene otro libro”.

En 1975, Marilyn Butler considera que la obra de Austen perpetúa la posición de la mujer en el matrimonio y lo doméstico, sin embargo, Sandra Gilbert y Susan Gubar en su obra “La loca del ático”, aseguran que Jane Austen defiende una educación racional para la mujer y aunque no se la pueda tildar de feminista (tal como hoy entendemos el término) sí se encuentran muchos elementos de inconformismo. Sus heroínas abogan por ser tratadas como criaturas racionales.

Y , tras exponer estos tres ejemplos de escritoras y escritor reconocidos mundialmente, decir que, desde mi punto de vista, lo que muchas veces funciona en la escritura es mirar alrededor, observar la vida cercana, lo cotidiano, pero, sobre todo, tratar de descubrir lo que sienten las personas y por qué se conducen del modo que lo hacen. En definitiva tener curiosidad y tratar de plasmar luego la vida en una obra de ficción. Una de las afirmaciones más comunes es la de que “la realidad supera a la ficción” y en el caso de la gente que se dedica a escribir lo han podido comprobar. Es importante experimentar antes de ponerse a escribir: vivir.

En mi opinión, aunque cada escritor o escritora, tiene un método propio, hay constantes en lo que yo considero “el oficio de escribir” que se repiten: mirar la realidad detenidamente, elaborar la historia y tener la capacidad de fantasear tanto como para interesar a las personas que luego van a leerla. Pero, a menudo, ataca la inseguridad y siempre hay una duda flotando en el aire: “¿Le interesará a alguien esta historia?”.

Paso a hacer un resumen del debate y las preguntas que nos hicimos:

  • Parece que de mayor se escribe de otra manera, quizá por la experiencia acumulada.
  • Admiramos la imaginación y muchas veces pensamos que no seríamos capaces de escribir .
  • Nos gusta el término “el oficio de escribir”.
  • ¿Con tensión y estrés, es posible escribir?
  • A Carmen Martín Gaite se le achaca tener un carácter un tanto agresivo y que no le gustara que se hiciera una comparación entre ella y el feminismo. Sin embargo, podría ser que este carácter desabrido le sirviera de coraza frente a la adversidad de haber perdido dos hijos en penosas circunstancias.
  • Hay etapas que apetece leer más unos libros que otros. Todo depende del momento en el que una se encuentre.
  • Valoramos mucho el proceso de investigación para escribir una obra sobre un tema del que, en principio, no se tenga mucho conocimiento, como por ejemplo la obra de Nuria de Santiago, “El ángel de Mahler”, de 800 páginas y sin tener ella un conocimiento musical previo.
  • Nos preguntamos, ¿es necesario haber leído mucho para escribir bien? En principio sí, pero hay personas que sin tener una especial educación literaria tienen una imaginación portentosa que les permite contar historias interesantes y divertidas.
  • Se pone de relieve el inmenso trabajo que supone escribir y, ante la dificultad manifestada de trasladar el lenguaje jurídico a obras de ficción, se pone como ejemplo la obra de teatro: “RUZ-BÁRCENAS”, dramaturgia basada en el segundo interrogatorio del Juez Ruz a Luis Bárcenas.

(Extraído de la web del Club de Opinión La Sabina)

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