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L. CALDERÓN, Esther, pipas, Los aciertos & Pepitas

En una clarividente mezcla entre la novela y el ensayo, Esther L. Calderón nos describe cómo se sintieron —y se sienten— las y los jóvenes de una generación. Quienes nacieron en este país en democracia y ahora rondan los cuarenta. Quienes fueron los depositarios de los sueños que fraguaron las dos generaciones anteriores: los abuelos y los padres, que trabajaron para que la tercera generación pudiera imaginar: imaginar qué ser, dónde vivir, cómo vivir y con quién. Las anteriores generaciones no se habían podido permitir el lujo de imaginar.

La novela se ubica en la periferia industrial de una ciudad del norte, pero podríamos imaginarla en cualquier ciudad media del país. Las pipas que comen en el banco —crick crack— una pandilla despidiéndose de la adolescencia, se las podrían comer en cualquier banco de cualquier ciudad en los años noventa. De ahí el valor de esta especie de testimonio para que conste qué había en la cabeza de la gente joven a la que, en teoría, se lo habían puesto muy fácil. Solo tenían que seguir esa senda abierta por sus predecesores. Nada más.  Ni menos. 

Nada hubiera sido posible sin la emigración del campo a la ciudad en los sesenta y sin los que se hicieron llamar clase media en los ochenta. Pero, ¿qué pasa cuando la tercera generación se desencanta y lo que se supone que habían imaginado cae al suelo como las cáscaras de pipas? ¿Qué pasa cuando no cumplen el mandato? Ahí está la clave, ahí las acertadas reflexiones de Mada, la narradora de esta historia.

Los personajes que nos presenta Esther L. Calderón representan fielmente a una generación completa: universitarios formados en el extranjero y vivido en varios países; empresarios de éxito, arqueólogas idealistas transitando por Egipto, Jordania, Perú y Teherán; periodistas; casados con hijos; homosexuales reconocidos; solteras convencidas. Y también quienes no salieron de la periferia: carpinteros, peluqueras. Y quienes murieron por excesos de alcohol y drogas. Todos y cada una están en este libro, todos y cada una tienen su representante en sus personajes: Mada, Jana, Efrén, El Gallego, Chilo, Rosa, Gabi y Pruden.

Se lee con gusto porque nos resulta cercano, seamos de cualquiera de las tres generaciones en las que Esther L. Calderón nos encuadra. Y porque está muy bien escrito. Os va a gustar.

@ElenaLaseca

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