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A veces la literatura sucede fuera del libro: cuando una voz lee y otra escucha, cuando un texto convoca a quienes se reconocen en él. En esos momentos, la lectura deja de ser un gesto individual y se convierte en experiencia compartida.

La tarde del 14 de enero, la Biblioteca de Aragón acogió un encuentro literario que puso en el centro la palabra dicha y la escucha atenta. El salón de actos registró una asistencia numerosa, convocada por KOMBOLÓI: Relatos en torno a la obra de Francisco Rallo Lahoz, organizada por la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro.

El acto reunió a siete autores que leyeron textos escritos expresamente a partir del universo creativo de Francisco Rallo Lahoz: Adolfo Burriel, Félix Teira, Silvia Barcelona, Pilar Aguarón Ezpeleta, Eugenio Mateo Otto y Elena Laseca. Siete miradas distintas, siete voces que dialogaron desde la literatura con una obra artística profundamente arraigada en la memoria cultural aragonesa.

Lecturas y ecos

Las lecturas se sucedieron en un clima de atención sostenida, sin alardes ni gestos superfluos, favoreciendo una escucha limpia y continuada. El público acompañó con silencio, con sonrisas ocasionales y con aplausos contenidos, señal inequívoca de que la palabra estaba llegando.

Cada intervención aportó un enfoque propio, pero todas compartieron una misma voluntad: explorar cómo el arte genera relato y cómo la memoria se articula a través de la palabra. El diálogo entre disciplinas —escultura, tradición popular y escritura— estuvo presente a lo largo de toda la velada.

«La Pilara»: una voz heredada

En mi caso, leí fragmentos del relato «La Pilara», incluido en el volumen Kombolóï, un texto escrito como homenaje a la cabezuda creada por el escultor Francisco Rallo Lahoz en reconocimiento a Pilar Lahuerta, artista popular profundamente querida en Zaragoza.

El texto recorre, desde la ficción, la vida de Carmencita, una niña que sueña con cantar copla como Concha Piquer y que encuentra en La Pilara —artista y mujer— un modelo posible de aprendizaje, cuidado y libertad personal. La copla, la precariedad, el trabajo invisible de las mujeres y la transmisión de la memoria oral atraviesan el texto como un telón de fondo constante.

La lectura fue también una forma de reconocer a tantas mujeres cuya vocación artística tuvo que abrirse paso en condiciones adversas, y de situar a La Pilara en el lugar que le corresponde dentro del imaginario popular.

Cierre

El encuentro concluyó con la sensación de haber participado en algo que iba más allá de una presentación puntual: un ejercicio de diálogo entre artes y una defensa implícita del espacio público como lugar para la cultura.

La respuesta del público confirmó que la literatura sigue encontrando lectores cuando se le concede tiempo, lugar y una escucha verdadera.

Lee aquí el relato de LA PILARA completo.

 

@ElenaLaseca

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