El pasado domingo, 25 de octubre, Llámame pingüina hizo una nueva parada en su recorrido literario. Esta vez, en Sariñena, en el corazón de Los Monegros, y dentro de la IX edición del Ciclo Nacional de Cine y Mujeres Rurales.
El Casino de Sariñena acogió un encuentro en el que hablamos de Candela, de sus contradicciones, de sus afectos y de esa manera tan suya de buscar su lugar en el mundo. Una historia que transita por la España de los años ochenta y noventa, entre cambios sociales, relaciones humanas, libertad y mucho humor.
Quiero agradecer especialmente a la Asociación de Mujeres de Sariñena su acogida; a Ana Loriente, por su invitación, y a Óscar Gavín, consejero comarcal, por la presentación tan cariñosa y estupenda con la que nos introdujo en el universo de la novela. Cuando alguien presenta tu libro con esa calidez, una se siente acompañada antes incluso de empezar a hablar.
Las fotografías de la tarde guardan algunos de esos momentos: la conversación, las miradas atentas, los libros compartidos y la complicidad que se crea cuando la literatura nos reúne. Porque una presentación no consiste únicamente en contar de qué trata una novela. También es una oportunidad para escuchar, intercambiar experiencias y descubrir qué despierta una historia en quienes se acercan a ella.
Me gusta pensar que Candela, con su forma poco convencional de entender la vida y el amor, seguirá viajando de mano en mano y encontrando lectores en lugares nuevos. Esta vez le ha tocado a Los Monegros, una tierra cercana y llena de personalidad.
Gracias, Sariñena, por abrirnos las puertas y por sumar una nueva página al viaje de Llámame pingüina.
Cada presentación es distinta. Lo que permanece es el placer de compartir historias.


