Blog

  • Inicio
Presentación pingüina_centro Soriano (10)

Hay lugares que se convierten en una segunda casa, y para mí el Centro Soriano de Zaragoza es uno de ellos. Allí he presentado ya cinco libros, y cada vez que cruzo la puerta del Salón Moncayo siento la misma mezcla de emoción, alegría y pertenencia. Ayer, con la presentación de Llámame Pingüina, esa sensación volvió a hacerse presente con más fuerza que nunca.

La velada comenzó con unas palabras del nuevo presidente del Centro Soriano, Juan Antonio Vélez, a quien agradezco la acogida cálida y cercana, esa manera sencilla de hacer que una escritora se sienta en casa antes de empezar siquiera a hablar. Después llegó el diálogo —de los que se recuerdan— junto a Mar Martínez Marqués, que conoció la novela desde dentro y supo llevarnos a una conversación pausada, profunda, luminosa. Hablamos de casas habitadas, de Malasaña, de Conil, de la importancia de las amigas, de silencios heredados, deseo, memoria y de esa España en transformación que atraviesa la historia.

Y como en toda presentación que se respete, no faltaron los libros firmados —abundantes, afortunadamente— ni ese murmullo agradable que se crea cuando la literatura se mezcla con las ganas de compartir. También estuvo presente la música de la banda sonora que acompaña la novela, envolviendo el ambiente como una luz baja que hace brillar cada palabra.

El toque soriano lo pusieron, por supuesto, los torreznos del restaurante, que ya forman parte de la liturgia afectiva de mis visitas al Centro. Golpe de sabor, de tierra y de memoria que nos aterrizó después del vuelo literario.

Me gusta pensar que Llámame Pingüina salió anoche un poco más grande, un poco más viva. Que Candela encontró nuevas lectoras y lectores que, de algún modo, se reconocieron en ella. Y sobre todo, que la literatura cumplió de nuevo su papel: crear un espacio común donde mirarnos, escucharnos y celebrar que todavía nos emocionan las historias.

Gracias a quienes vinisteis, a quienes escuchasteis, preguntasteis, sonreísteis, compartisteis. Gracias por tanto cariño, libro a libro, presentación a presentación. Tanto mar de afectos hace que esta pingüina tenga que nadar cada vez más fuerte, pero qué felicidad hacerlo acompañada.

Seguimos nadando.

Deja una respuesta

Llámame pingüina