Señora Justina
—Señora Justina, está usted cojonuda. Es una de las declaraciones de amor más intensas y sinceras que he oído en mi vida. Se la regalaba cada dos por tres mi tío Jacinto, su marido, acompañándola de una tierna palmada en el trasero. Ella hacía como que le reñía por ser tan descarado y deslenguado, pero, […]

